O Abrigo

15.06.2020 00:20

 

 

O abrigo

 

A Ramon le abrasaba más la tristeza que el calor que desprendía la llama de la lareira abrasada por los tocones de encina que acababa de atizar, pensativo, miraba el fuego y se preguntaba, ¿qué se escondería detrás de la puerta vieja?.

 

Su abuelo sabiéndose pronta su muerte le hablo como al hijo añorado.

  - De mis descendientes directos, eres el primogénito y es tradición familiar que debe ser este el que herede lo que se esconde detrás de ella y así ha de  continuar.

Lo que oculta detrás no te hará más pudiente, pero si más sabio. Si no deseas traspasarla  debes dejarla a tu siguiente generación.

No era muy común escuchar hablar a mi Avó de su viña do pazo. El solo cultivaba un caldo artesanal, plagado de cariño y delicioso en sabor.  Decía que a la marca se le sobrepone acento en la ó.

Su vino era identificado como uno de los más exquisitos en su categoría del país. 

De vuelta de la viña, saludaba. Acto seguido traspasaba la puerta vieja, situada en una de las paredes del salón. Vou ao refuxio.
En el mismo las horas eran pausadas, se le hacían escasas. Gozaba con su pasión no compartida.

 

Mon conservaba su indómito flequillo desde tiempos inmemoriales se  negaba a  cortárselo por más que le insistía su Avó cuando lo acompañaba a la perruqueria.

Sus característicos ojos de chiquillo se contraían con una risa tímida cuando al abuelo le embadurnaban la cara con espuma. Acto seguido advertía  como la navaja hacia su labor.

 - ¿Ese flequillo rapaziño?

  - Hoy no Avó.

Volvamos al pazo que toca volver a “engañar” a la abuela.

Yo no entendía. 

  •  A mi abuelo no se le conocía ninguna afición, a veces le tachaban de tacaño.

 Se consideraba austero, trabajador como buen gallego.

  •  No me gusta gastar en cosas superfluas, contestaba si le preguntaban.

 La viña heredada era su pasión. En ella reverenciaba al sol mañanero con animosidad y lo despedía   con tristeza.

 Conocía la historia de cada una de sus cepas. Plantación, fecha del injerto, la primera producción.   Todo anotado y calculado por cosecha.

 

 A veces al calor de la laleira Mon le “exigía” a su Avó que le contase  historias del pazo.

 Este sonreía complacido.

  -“Me contaba tu tatarabuelo que un año la cosecha fue espectacular. Las cepas estaban henchidas de fruto. Se preparó todo para recogerla, jornaleros, animales, aperos”.

  - El granizo no dio un mínimo de suspiro a la noche asustada. Se cebó con la comarca. Ese año fue una total ruina. Pero volvieron a levantarse.

 - Esta es una familia de luchadores infatigables, apuntillaba.

Percibía como su neto se acurrucaba entre sus piernas mientras el fuego iba consumiendo los últimos tocones, a la vez que el sueño de este.

Los rescoldos de la lumbre hacían que el salón destilase una tenue luz apenas visible para caminar por este.

Ramón se dirigió hacia la puerta vieja.

Nada más cruzarla quedo impasible. La habitación al instante le envolvió en un ambiente nebuloso. Inmóvil, con ojos entornados auscultó el interior de la misma.

Una grandiosa mesa de roble presidia la habitación. Un sobre lacrado como único adorno.

Sentado en un sillón acorde con el estilo del escritorio leyó:

- Querido neto has traspasado la puerta, debes seguir con la tradición como te has comprometido al hacerlo.

 “O abrigo” es fruto del trabajo de muchas generaciones;  un árbol genealógico de la familia. Consérvalo y sigue engrandeciéndolo.

Fdo.  El Avó.

 

No pudo evitar que al instante la curiosidad empezara a impacientarlo.

Principió “andar” la vista por las paredes.

  Las estanterías todas, a cual más abigarrada de libros infinitamente bellos: El Vino: Fermentación.     Maduración. Tratados enológicos.  Recogida. Catas.  Etc.

 Sus dedos comenzaron acariciarlos con infinita suavidad. La mayoría de ellos incunables. De un   descomunal valor.

En un rincón del mismo, botellas alineadas y etiquetadas detallaban la historia desde la primera hasta la última cosecha de viña do pazo.

- Una excelsa vinacoteca ¡¡¡. Joder con el abuelo. 

Decidió relajarse.  Jamás se habría imaginado tal tesoro. Estaba inflamado de emoción.

Sus ojos fueron adueñándose de la tibia oscuridad que reinaba en la estancia.

Las pinturas de los antepasados plasmados en cuadros le rodearon al instante. El último de ellos el de su Avó.

Tras una semitransparente cortinilla leyó; “La finca”.

Un estuche con tapas acartonadas y recogidas con varias vueltas de anea, le llamaron la atención. Deshizo el nudo delicadamente.

Legajo 1. Año de 1814.Adquisición de la finca.

    - “El pazo es propiedad de mi familia más de 200 años”.

    -  Basta de impresiones por hoy, se dijo, tornaré más calmado.

 

El anticuado flexo reflectaba escasa luz. Se imaginó que a su Avó le costaría esfuerzo leer los libros.

Arrimó la escalera al único estante no auscultado. Dos incunables sobresalían mínimamente de los demás. Escarbó detrás de ellos. Un pequeño cajoncito reposaba al fondo.

La agitación lo hizo caer. La pequeña caja se entrelazó en sus piernas.

Volvió a colocarse las gafas. Limpió el empañamiento de los cristales.

Tratados sobre la viticultura y la elaboración del vino en antiguo Egipto.

  - Santo Deus ¡¡¡. Un papiro de antes de Cristo.

Nervioso, decidió retornarlo al lugar donde había reposado durante  siglos.

“Pertenece a la historia. Yo seguiré acrecentando el pazo. Miró el cuadro de su abuelo; ¿verdad Avó”?

Al intentar levantarse, se sobresaltó al notar un golpecito en el hombro. Una susurrante voz le llamaba por su nombre.

  - Mon, ¿te hiciste daño?

  - ¿Eres tu Avó?

Un escalofrió le recorrió el cuerpo al creer ver el rostro de su abuelo junto al suyo. 

  Se intentó levantar y correr. Las piernas se le entrelazaron,  escuchó como los huesos le crujían al palpar estos bruscamente el frio suelo del O abrigo.

Se tentó la cara. De nuevo había perdido sus antiparras.

  • “Mientras viva jamás volveré abrirte”.

 

… Y trascurrieron los años; unos soportables, los menos, nsufribles.

 

Al calor que desprendía la llama de la lareira, abrasada por los tocones de encina que acababa de atizar Món y Teresa, jugaban con el nieto.

 Avó, Avo, cuéntame la historia de la puerta.

  •  Mon cuéntasela. Haz de seguir la tradición.
  •  Louro si lo hago todos los días.
  • Ela é loura.

“Neto cuando lucía un flequillo bronco como el tuyo fue la  época que conocí a tu Avoa.

 

  • Bueno en realidad todo comenzó en una Escuela de Carabanchel haya por los años 70.
  • Esa es otra historia que te contaré .
  • Manu & Willy

 

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